EL VALOR QUE NOS DAMOS

Querido diario: amo a esa persona, la amo de verdad, y así lo haré siempre, pero este amor me está haciendo daño”. Amar sin condiciones, sin expectativas ni imposiciones, será siempre la clave para disfrutar de relaciones sanas y equilibradas, pero… ¿Hasta qué punto debemos seguir tirando cuando realmente no recibimos lo que nos merecemos a cambio? ¿Dónde está el límite de lo permitido? ¿En qué momento hay que ponerse firme y decir: “yo valgo mucho más que esto”?

Aceptamos el amor que creemos merecer. ¿Has pensando si realmente mereces más de lo que has aceptado hasta ahora?

Ha llegado el momento de hacer una verdadera introspección. Con demasiada frecuencia ocurre que nuestro valor se convierte en algo directamente proporcional a la atención que recibimos desde fuera. Demasiado a menudo caemos en el convencimiento de que si esa persona no se compromete lo suficiente es porque nosotros no valemos lo suficiente. De esta manera, seguimos esforzándonos cada día por estar presentes, persiguiendo la necesidad de que esa persona finalmente se implique únicamente para demostrarnos de que realmente sí valemos la pena. Tristemente, sin esa prueba, estamos dejando que nuestro propio valor personal vuele con el fluir del viento.

Tu propio valor nunca podrá depender de otras personas o circunstancias. Tu valor únicamente depende de ti. Hacer que tu valoración personal dependa del exterior es como tratar de alcanzar un blanco en constante movimiento. Así es difícil conseguir dar en el centro, con lo que nunca lograrás recibir suficientes refuerzos positivos que te hagan sentir realmente bien.

¿Qué es aquello que no define tu valor como persona?

  1. Tu situación sentimental.
  2. Tu trabajo, o la ausencia de éste.
  3. La confusión que puedas sentir acerca de tu vida profesional.
  4. Tu edad.
  5. Tu apariencia estética.
  6. La cantidad de amigos que te rodean.
  7. La frecuencia con la que practicas deporte.
  8. El valor económico de tus pertenencias.
  9. Tu nivel de estudios.
  10. La cantidad de fracasos en comparación con la cantidad de triunfos.
  11. El número de miembros familiares que viven bajo tu mismo techo.
  12. Las opiniones que tiene tu familia acerca de ti y de tus decisiones.
  13. El tamaño de tus deudas.
  14. No experimentar la felicidad las 24 horas al día, los 7 días de la semana.
  15. No haber descubierto aún tu incalculable valor interno.

¿Qué determina realmente tu valor como persona?

La capacidad de auto-aceptación.

Aceptando quien eres y donde estás aquí mismo y ahora mismo, ya alcanzas la mitad del recorrido hacia una plena auto-valoración. También se trata de aceptar las circunstancias que estén siendo molestas, incómodas o incluso dolorosas en estos momentos de tu vida, y aceptar también las personas que hayan podido hacerte daño. A través de la aceptación de los factores externos, lo que estás haciendo es perdonarlos, lo que a su vez te permite aceptarte y perdonarte esa parte de ti.

La rapidez con la que sanas tus heridas y abrazas tus errores.

Cuanto más amor consigas entregar a tus agujeros internos, más rápido empezarán éstos a brillar. Tus heridas y tus errores son los que te han convertido en la persona que eres ahora, y todo ello es lo que precisamente te está impulsando a emprender un nuevo camino en tu vida: un camino hacia el cambio, un rumbo hacia el auto-descubrimiento, con el objetivo de convertirte en tu mejor versión, en lugar de seguir obsesionándote acerca de cómo habrían podido ser las cosas, o de qué manera habrías podido actuar de forma distinta.

La intención con la que vives tu propósito de vida.

Considerando que es posible conseguir todo aquello hacia lo que depositamos nuestra intención, ¿por qué no centrarte en lo que realmente te importa hacer en la vida, lo que te apasiona, lo que verdaderamente tiene un significado para ti? Si pones toda tu intención en alinearte con lo que realmente sientes desde dentro, aquello que llena tu alma y tu corazón, dejarás entonces de necesitar de cualquier validación externa. Vivir el propósito de tu vida es una estrategia infalible para que puedas reconocer tu deslumbrante valor interno.

Recuerda: tú no eres tus problemas, o tus circunstancias, ni dependes de los demás, de sus opiniones, o de lo que ellos decidan darte o quitarte. Tú eres la persona que está allí por encima de todo eso. Tú eres un ser divino maravilloso y digno de merecer todo lo que la vida tiene para ofrecerte. Sabes perfectamente cuándo ha llegado el momento de echarse a un lado, de soltar, de dejar ir… porque sabes que todo el amor que tienes dentro, merece ser devuelto en igual cantidad.

Toda persona que finalmente descubre su valor, ha recogido sus maletas del orgullo y se ha subido a un vuelo hacia la libertad, que ha aterrizado en el valle del cambio – Shannon L. Alder

Querido diario: lo amo, y lo seguiré amando para siempre. Pero ha llegado el momento de soltar la cuerda con la que he tirado demasiado tiempo. Me voy a dar el permiso de echarme a un lado, en total tranquilidad. Lo dejo ir, porque mi valor interno está por encima de su ausencia” – De Julieta, pensando en Romeo.

3 respuesta a “EL VALOR QUE NOS DAMOS”

      1. Gracias infinitas Laura! Me hace inmensamente feliz que os lleguen mis palabras… Estamos todas juntas recorriendo este camino hacia el amor propio y el descubrimiento de nuestro poder, y todas juntas lo conseguiremos! Gracias por estar aquí! ???

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